Bibliofagia

3 pulentos poemas: Manuel Illanes, Rolando Mancilla Véliz y Diego Brand Rodríguez

EDAD PAGANA

Cuando la fiesta termina, una pirámide de platos
te aguarda en la cocina, hay botellas vacías
sobre la mesa manchada y vasos a medio
llenar por los cuatro puntos cardinales
de la casa. Ceniceros atestados.
La boca está cruzada por estrías como la tierra
que tortura una prolongada sequedad
y una sed malsana, terrible anida en ti,
porque la carne es un pozo cegado por soles
inclementes.
El tiempo bombea nuevamente por nuestras
arterias, circulará sin control por llameantes autopistas.
Tendrás que volver a pagar los impuestos al Demonio
de la sobriedad, su tributo cobrado en especias,
oro y todas los metales invaluables
del espíritu, las riquezas dilapidadas.
De nuevo las preocupaciones, el viento de la mañana
arrojándolas sobre la conciencia como a una legión
de tábanos que arrastrara desde lejanas fronteras,
cerca del desierto.
La vida para erigir una castillo de naipes
que el sencillo aleteo de una mariposa derrumba.
De nuevo el cuerpo un ancla, un lastre
que nos liga de una vez y para siempre a la ceniza.
De nuevo el cuerpo, territorio cercado, amenazado
por las mesnadas sin número de la Calavera.
Las canciones de Bowie sueños, salvajes sueños
de una edad pagana: cómo desearías escuchar
Rebel, Rebel en tu discman, camino a la eternidad.
La voluta sagrada del pensamiento deshecha,
el alcohol esfumado de la sangre. Un soplo
de Yahvé basta.
Llamadas telefónicas perdidas. Ex­-amigos,
goletas que la noche hundió en sus profundidades.
Cuadernos llenos de garabatos impublicables.
El decálogo en que sobresale una ley: “Compra”.
De nuevo el tiempo, una escudilla vacía que deberás
llenar hasta el tope con trabajo, con ideas, con sonoras
palabras, una lucha sin fin.
Nada de espasmos, nada de risas, nada de iluminaciones
conservadas. Abrazar cansado la Sombra.
La fiesta termina y el resplandeciente horizonte
que contemplabas, tan puro como un recién nacido,
tan puro como las luces de la ciudad entrevistas
en la madrugada,
se oculta tras el espeso telón de la oscuridad.

Del libro “Tarot en la carretera” (2009) de Manuel Illanes.
Editorial Fuga

 

MI VIEJO VIENE DOLIENDO…DESDE SEPTIEMBRE

Mi papá era un viejo hermoso
de aquellos que tenían oído
para Alodia Corral
en patio de tardes
y de tangos.
Unas manos grandes
que quebraban dictaduras
sentado en su humilde trono
del artesano del calzado.
Mi papá se merece más
que un 1° de Noviembre,
se merece un 4 de Septiembre
de un año 70.
Una cara entre todos los rostros
de las esperanzas.
Mi papá fue fusil
en manos proletarias
un nombre en las listas negras
de los gorilas dictadores
un calzado infantil
en los pies de los hijos poblacionales
un Charol en el fino pie de las compañeras.
Mi papá fue voz bajo la lluvia
en la ventana de los hospitales
siendo él un hospitalizado.
Fue hermano entre sus hermanos,
sus huesos tirados fueron hermanos
de otros huesos hermanos tirados.
Mi papá fue del Frente, del Partido, de la Sublevación.
A los 36, un 3 de Septiembre, salió por una puerta
fantasma un 19 se acercó a mi oído y se despidió.

Mi papá creció conmigo.

Rolando Mancilla Antilef
5.631.005-3
cantando con Zitarrosa.

Del libro “In-Surgencias” (2013) de Rolando Mancilla Véliz.
Ediciones El Almácigo.

 

ZOOM IN

ya no importa que esta ciudad sea triste
que en las calles de ripio corran ríos en invierno
que los viejos duerman calentándose con perros
que la soledad me manosee los días domingo
que todos los días sean domingo
que el sountrack sea el claro de luna
que las ventanas estén siempre empañadas
que el silencio se ponga rancio
que el cuerpo morado que cuelga del techo
sea yo.

 

Del libro “Los días horizontales” (2007) de Diego Brand Rodríguez.

 

Sobre el autor

Poetranseúnte

Editor y colaborador de El Pájaro Verde. Lector de trayecto, en cada libro vislumbra un tesoro, un tesoro que no sirve para comprar nada.