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Carlos Pezoa Véliz (1879-1908): poeta marginal de sentir popular

Al momento de confeccionar un árbol con la frondosa poesía chilena del siglo XX debemos comenzar hablando del poeta Carlos Pezoa Véliz, quien fue el primero que cargó su obra poética de sentimiento popular y marginal, con humor corrosivo e imágenes de injusticia cotidiana y abandono, él mismo expresó en 1900: “Hasta aquí le he cantado a lo bello, ahora voy a cantar a lo feo, lo repugnante”. Pezoa Véliz inicia una tradición dentro de la poesía chilena que llega hasta el día de hoy, Nicanor Parra dijo que sin él no hay antipoesía, mientras que Mauricio Redolés expresa que Pezoa es “el primer poeta rockero de Chile” y al observar luego que escritores de la talla de Nicomedes Guzmán, Carlos Droguett y Óscar Hahn consideran su relevancia, podemos apreciar entonces su real alcance.

Su vida

Carlos Pezoa Véliz nace y muere en Santiago (21 de julio de 1879 – 21 de abril de 1908). Lo primero que llama la atención es su muerte a temprana edad, a los 28 años perece en el Hospital San Vicente de Paul (actual J J Aguirre) de tuberculosis. Otro dato a considerar es que nunca publicó un libro en vida, muchos de sus poemas, cuentos y crónicas  fueron publicados en diversas revistas de la época, pero nunca gozó de fama, a pesar de haber encontrado amigos entre escritores de más renombre. Años luego de su muerte su amigo Ernesto Montenegro compila parte de su obra y publica “Alma chilena”; este trabajo se transforma en el primer referente y logra que la obra del poeta comience a asentarse en la memoria, y así avanzando los años sea antologado hasta llegar incluso a los libros de colegio. Su poema más famoso “Tarde en el hospital” demuestra hasta el día de hoy la sintonía que el poeta logró con los lectores debido a tristes circunstancias de su situación personal.

El poeta vivió su niñez y primera juventud junto a sus padres en el barrio de San Diego, específicamente en la aún existente y fantasmal Calle Mencia de los Nidos, al costado norte de la Plaza Almagro. Sus padres tenían un negocio en este mismo lugar, pues antes se ubicaba ahí la plaza de abasto. Es por esta relación del poeta con ese sector que la plaza de los libreros en Sta. Isabel con San Diego lleva por nombre Plaza Carlos Pezoa Véliz.

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Calle de 1 cuadra Mencia de Nidos

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Supuestamente entre el edificio y el estacionamiento se ubicaba la casa de CPV

Tuvo un vivir humilde, pero no de miseria, una pobreza digna, si es que la pobreza puede serlo. A los 20 años tuvo altercados con su madre y se fue a vivir de allegado en casas de amigos y ahí si que pasó hambre y vestía andrajoso. “Enjuto, huraño, el cabello rebelde, la cara tallada con rudeza, los ojos de un azul acerado, la boca contraída en un gesto de amargura burlona, las manos finas, las uñas toscas, las maneras recias, el andar sin elegancia y el ingenio mordaz, impaciente y sarcástico”, así lo describe Leonardo Pena. Paralelo al vagaje por diversos oficios comienza a publicar en revistas de corte popular, con décimas al inicio, y luego con poemas de herencia romántica y modernista, más artículos de denuncia social en diarios más políticos.

Sus poemas importantes aparecen después de los 21 años, curiosamente cuando el poeta deja sus tormentos, encuentra un trabajo con mayor estabilidad y se aleja de Santiago, instalándose en una casa en Viña del Mar -la llamaba su “pajarera verde”- donde ordenaría su vida, dedicando su tiempo libre a la organización de tertulias con sus amigos escritores. A pesar de ya no padecer de cerca situaciones marginales, la melancolía hace vibrar sus creaciones, llenas de imágenes sobre seres desamparados.

Al parecer el poeta solía ser un buen tipo, alegre, inteligente y esforzado, aunque con algo de bipolaridad y sin duda un aire melancólico que lo hacía insistir en la creación poética, y aunque buscó esa fama literaria, nunca la encontró de manera concreta. Han definido a Carlos Pezoa Véliz en la historia literaria chilena como un poeta maldito, un hombre colmado de mala suerte, prácticamente un infeliz, pero de eso hay mucho de mito debido principalmente a sus últimos años que contienen 3 hechos relevantes: el terremoto de 1906 en Valparaíso provoca el derrumbe de una muralla sobre sus piernas dejándolo postrado y con problemas para caminar además de romperle varios dientes, su muerte a temprana edad debido a una tuberculosis con muchas semanas de agonía en el hospital y finalmente su poco concurrido funeral. Profético se vuelve su famoso poema “Nada” donde trata sobre la muerte de un ser anónimo: “tras la paletada nadie dijo nada”. Cuentan que el día de su entierro los artistas Pedro Prado y Juan Francisco González esperaban en el Cementerio esperando ver llegar un gran cortejo, pero finalmente  llegó un funeral con poquísima gente.

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Cementerio Católico, galería 16. Entrando a la izquierda.

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2 floreros y 3 plaquitas tiene hasta ahora la tumba de CPV

Su tumba estuvo años perdida hasta que alguien la encontró en el mismo Cementerio donde se halla hasta el día de hoy, pueden visitarla yendo al Cementerio Católico, “Galería de Lata”, departamento 16, tercera corrida, número 31. Se encuentran algunas placas en su honor.

El mismo día de su entierro en el conservador Diario Ilustrado estaba escrito: “Hoy sus íntimos llevarán su cadáver al cementerio. Mañana nadie se acordará de él”. Afortunadamente esto no ha sido así, pues  además de sus múltiples apariciones en antologías de poesía chilena, podemos hallar su nombre en una plaza, un colegio, agrupaciones culturales e incluso en varias calles.

Para el centenario de su nacimiento, en 1979 se realizó una caravana desde Plaza Almagro hasta su tumba en el Cementerio Católico donde se colocaron claveles rojos y blancos y se leyeron sus poemas más recordados. El acto iba comandado por Luis Sánchez Latorre y Nicanor Parra. También se realizó un homenaje de saludo en su tumba en marzo del 2015 en el Día de la Poesía, comandado por el poeta José María Memet en que se recordó a Carlos Pezoa Véliz y Armando Rubio, en el acto homenaje cantaron Eduardo Peralta e Iván Torres y leyó entre otros el poeta Erick Pohlhammer, luego se finalizó el encuentro en el mítico bar Quitapenas.

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Letrero de la Plaza CPV. Foto mirando al Norte, hacia los juegos Diana

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Letrero de la Plaza CPV. Foto mirando al Norte, hacia los libreros. Plaza sin pasto

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Plaza antes del último cambio, cuando había pasto.

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Escuela Básica Carlos Pezoa Véliz, Calle El Peumo 1459, Cerro Navia, Santiago. Imagen Google Street View

Sus libros

A pesar de no haber publicado en vida, hay diversos libros donde se puede hallar parte de su trabajo que en la época fue esparcido principalmente en revistas.

La primera y más famosa recopilación fue lanzada unos años luego de su muerte, una especie de encargo y homenaje, basado en los diarios que Pezoa Véliz corrigió hasta sus últimas días, estuvo a cargo de su amigo Ernesto Montenegro, el libro recibe el nombre de “Alma chilena” (1911) y su edición original es un ejemplar de colección, aunque fue reeditado recientemente por Editorial LOM. Leonardo Pena publica en París la antología “Campanas de oro” en 1920, un libro muy difícil de hallar que luego la Universidad de Concepción reeditó en 1998 aunque tampoco es un libro que abunde. Otra interesante recopilación casi imposible de hallar es “Poesía y prosa completa” (1927) de Editorial Nascimento, realizada por Armando Donoso donde se resume en una extensa introducción, la vida de Pezoa Véliz en base a la totalidad de sus cuadernos, los cuales tuvo oportunidad de ver el señor Donoso; aparecen textos no editados en sus anteriores antologías, aunque deja de lado sus escritos con acento en lo social. En 1951 Antonio de Undurraga publica por Editorial Nascimento una biografía basada en la descripción de los amigos de Pezoa con una pequeña selección de sus textos: “Pezoa Véliz, Biografía, crítica y antología”, libro que jamás he visto ni en pelea de perros.

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Una compilación que deambula en las librerías de viejos es una “Antología de Carlos Pezoa Véliz: (poesía y prosa)” (1957) de editorial Zig-Zag, con selección y prólogo de Nicomedes Guzmán. En 1964 se publica por medio del Ministerio de Educación Pública una definitiva obra completa del poeta con una acuciosa y exhaustiva biografía realizada por Raúl Silva Castro, en más de 600 páginas se puede tener una idea acabada de su vida y de su obra. Es sin lugar a dudas el mejor trabajo si se quiere ahondar en su figura, el 2015 Ediciones Tácitas reedita este valioso documento. Luego saltamos al año 1990 con la selección de Ricardo Gelcic “El perro vagabundo” de la popular Ediciones Lastarria, es una de las mejores selecciones debido a que destaca su poesía de carácter social, lamentablemente es difícil de encontrar. En 1998 aparece en la colección de bolsillo Libros del Ciudadano de Editorial LOM la antología “El pintor pereza” con selección y prólogo del poeta Óscar Hahn, esta edición es la más conveniente para un lector que quiere conocer su poesía, pues está a un precio accesible, es una muy buena selección y se encuentra en la mayoría de las librerías.  Ediciones Perro de Puerto deja fuera la poesía para concentrarse en sus crónicas en “Prosa Rescatada” (2010) con una selección de artículos aparecidos en diarios y que solían quedar fuera de las antologías, selección y prólogo de Cristóbal Gaete. El 2012 aparece por Ediciones UDP una antología realizada por Germán Carrasco llamada “Nada” con prólogo de Manuel Vicuña.

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Su legado

Carlos Pezoa Véliz marca el inicio a una tradición poética conectada con “lo popular”,  desvelando la injusticia, dando voz a vagabundos, artistas y a quienes ejercen diversos oficios, no como seres exóticos sino que desde la hermandad del sufrimiento y la alegría del diario vivir. Carlos Pezoa Véliz es un poeta fundacional, directo, con algo de picardía y humor corrosivo, mucha conciencia social, amor por los marginados y una sensibilidad que despierta en sus trágicos momentos de dolor y soledad.

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“Es posible que Pezoa Véliz aún no haya muerto y esté agonizando y que su último minuto sea un minuto bastante largo, ¿no?, y todos estemos dentro de él. O al menos que todos los chilenos estemos dentro de él.” – Roberto Bolaño

“Antes de su nefasta muerte, Pezoa Véliz, dando cuenta de la República, la observaba también recordando la guerra civil del 91. Todos en prosa. Pero Pezoa era también poeta en verso. Los suyos, sobre la situación social del bajo pueblo de altas aspiraciones sojuzgadas, y de los marginados de toda figuración, revelan capacidades de autopsia mayores que las practicadas por políticos, universitarios, historiadores y juristas” – Armando Uribe

“El intérprete del hombre chileno” – Andrés Sabella

“Si, como dijo alguien, un poeta escribe cientos de poemas con el solo propósito de legar dos o tres a la posteridad, es evidente que Pezoa Véliz sobrepasó esa meta” – Óscar Hahn

Agregamos una compilación totalmente antojadiza de su trabajo en verso, pensando en aquellos poemas que sobreviviendo más de un siglo, aún generan emoción o asombro.

Carlos Pezoa Véliz-Botella al mar

Sobre el autor

Poetranseúnte

Editor y colaborador de El Pájaro Verde. Lector de trayecto, en cada libro vislumbra un tesoro, un tesoro que no sirve para comprar nada.