Mafaldismos Mal de Diógenes

El carrete como forma de lucha

Cada individuo tiene su lucha. Cada pueblo tiene su lucha. Toda lucha debe ser dada.

Cuando nos encontramos rodeados de todo un mundo apuntando para cualquier lado, pareciera ser todo aleatorio; pero sumando todos estos pequeños vectores, de magnitudes y direcciones distintas, creo ver un vector resultante que refleja la bondad y esperanza del ser humano.

Debemos buscar la justicia como pilar fundamental dentro de la sociedad, la justicia envuelve e incentiva otras características y virtudes necesarias para la convivencia.

En una sociedad chilena cada vez más lejana de sí misma, violentada, mal educada, hallar justicia es complicado, ni siquiera por una falta de voluntad, sino porque lo justo es subjetivo, y en un pueblo de fundo termina imponiéndose el que grita más fuerte o, derechamente, el que usa su poder.

Tomar decisiones justas no es fácil, la Justicia es prácticamente inalcanzable, pero hay instancias de aproximación, acuerdos tácitos que nos permiten ver más allá de nuestras narices, ir a las circunstancias y tratar, no de que todos queden contentos, sino de que el veredicto sea óptimo socialmente.

¿Cómo tomar una decisión más justa, ya sea en el ámbito cotidiano como en el jurídico? Es algo a veces sencillo y a ratos complicado, mas consiste en el ubicarse en el lugar del otro, una actitud bastante cristiana; por lo mismo es paradójico que en este país mayoritariamente cristiano en los papeles, la conducta no se traduzca necesariamente en hechos.

Ponerse en el lugar del otro no es fácil cuando “el otro” se reduce a un círculo cercano de personas similares a uno. Aquí y ahora el pobre no conoce al rico, el rico no conoce al pobre, el intelectual se encierra para ignorar al vulgo y lo popular elude la erudición, jóvenes y ancianos no conversan, etc. Los círculos se van cerrando para poder estar todos de acuerdo en una burbuja que justifique sus actos, su vida, su idea de justicia. Por eso, antes que tratar de exigir y comandar la justicia, debemos partir por lo más simple: crear instancias para conocernos, para respetarnos, para discutir, para querernos. Crear empatía con ese otro.

Es por eso que una humilde y pequeña lucha consiste en otorgar un tiempo y un espacio a aquellas personas que conocemos, que un codicioso empresario y un desprendido artesano puedan conversar y descubrir prioridades de vida distintas, para que un hiphopero brinde con un metalero mientras bailan cumbia, para que el círculo se abra hasta unir facebook, cuneta y oficina.

El carrete, la jarana, el carnaval, la fiesta, la reunión, son los rituales necesarios para iniciar la lucha. Y no olvidar que la felicidad es el objetivo. El fin es también el medio. 

Seamos felices. 

En el otro estoy Yo. 

Mi futuro está en ustedes.

Sobre el autor

Hipoceronte

Uno de los creadores de El Jardín del Pulpo. Sujeto bruto y sensible. Le molesta la elitización del arte y la cultura. Melómano en construcción. Físico de la Tierra.