Bibliofagia

“Un pájaro es un poema”. Antología de poetas canadienses

La escritora canadiense Lake Sagaris armó este libro donde compila y traduce una selección de trabajos de 12 poetas de su país. La embajada de Canadá en Santiago contribuyó a la creación de este libro que aparece coeditado junto a Pehuén Editores en el año 1986, o sea cuando esta Editorial llevaba sólo unos años de existencia.

Este trabajo, del cual se agradece su edición bilingüe, expone diversidad de autores que en conjunto nos entregan una mirada de como se trabaja, se piensa, se siente en las latitudes canadienses y, como también siempre ocurre, a la larga nos vemos por esa hermandad humana.

Los poetas antologados son: Margaret Atwood, Earle Birney, Mary di Michele, Gary Geddes, Patrick Lane, Irving Layton, Dorothy Livesay, Pat Lowther, Gwendolyn Macewan, Alden Nowlan, Raymond Souster y Tom Wayman. Si me consultan por cual fue mi preferido, creo que Tom Wayman, pues transmite mucho su sensibilidad frente a diversos hechos o a sus propias ideas.

Los dejo acá con cuatro de los poemas de esta Antología que actualmente está descatalogada, aunque a veces se puede encontrar entre libros usados. (Con todo respeto hice algunas pequeños ajustes personales a las traducciones).

“Un pájaro es un poema. 12 poemas canadienses” (1986) compilación de Lake Sagaris

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VARIACIONES SOBRE LA PALABRA AMOR

Esta es una palabra que usamos para tapar
hoyos. Es del tamaño justo para esos tibios
espacios en el discurso, para esos acorazonados
huecos rojos en la página, que nunca lucen
como corazones verdaderos. Agrégale encajes
y puedes venderla. La insertamos también en el único
espacio vacío en el formulario
que viene sin instrucciones. Hay revistas
enteras que contienen poco
salvo la palabra amor, puedes
frotártela por todo el cuerpo y
también cocinar con ella ¿Cómo sabemos
que no es eso lo que pasa en las frescas
orgías de babosas bajo húmedos
pedazos de cartón? En cuanto a la cosecha
de maleza, intrusean con sus hocicos duros
entre las lechugas, ellas gritan.
¡Amor! ¡Amor! cantan los soldados, levantando
sus puñales relucientes en saludo.

Luego estamos nosotros
dos. Esta palabra
nos queda demasiado corta, tiene sólo
cuatro letras, demasiado dispersas
para llenar aquellos profundos
vacíos entre las estrellas
que nos oprimen con su sordera.
No es que no queramos caer
en el amor, sino ese miedo.
Esta palabra no basta, pero tendrá
que servir. Es sólo una
vocal en este metálico
silencio*, una boca que dice
O, una y otra vez con asombro
y dolor, un aliento, un dedo
aferrado en un acantilado. Puedes
tomarlo o dejarlo.

Margaret Atwood

* En inglés AMOR es LOVE, por eso se refiere a la vocal O.
COMO AL PRINCIPIO

Un hombre tiene dos manos y cuando una
queda atrapada en la correa y sus dedos
son amputados y luego parchados
él no puede trabajar. Sus manos son aseguradas
sin embargo, asi que obtiene ago de dinero
por el trabajo que sus manos antes han hecho.
Si pierde un dedo él obtiene una suma fija
de 250 dólares por dedo y/o 100 dólares por cada nudillo
perdido por el resto de su paso por la tierra,
como una banca vacía en un banquete de mendigos.

Cuando las manos son las de mi padre
esto me hace llorar aunque mi lápiz debe seguir rascando
su cabeza a través de la página de otra noche.
Para ti, mi padre es un desconocido y talvez piensas que el seguro pagado es suficiente.

Denme las manos de mi padre cuando no están quebrados e hinchadas
denme las manos de mi padre, jóvenes de nuevo,
y tomando las manos de mi madre,
denme las manos de mi padre aún tostadas y sin callos,
manos hermosas que partían el pan para nosotros en la mesa
manos tan lisas como el mármol y desnudas como la mañana,
denme las manos sin un número tatuado en la muñeca,
sin el sudor de cobre de monedas pegajosas,
denme las manos de mi padre como eran al principio,
enteras,
abiertas,
cálidas
y sin miedo.

Mary di Michele

EL PÁJARO

El pájaro que capturaste ha muerto.
Te dije que iba a morir
pero no quisiste aprender
de mi decir. Querías
enjaular un pájaro dentro de tus manos
y aprender a volar.

Escucha nuevamente.
No debes manipular pájaros.
No pueden volar a través de tus dedos.
No eres un nido
y una pluma no es
de sangre y hueso.

Solamente las palabras
pueden volar para ti como los pájaros
en la muralla del sol.
Un pájaro es un poema
que habla del fin de las jaulas.

Patrick Lane

EL BESO Y EL GRITO

Cuando por primera vez nos besamos, esa noche de noviembre
oí el ruido apagado de un llanto.

Alejé mis labios. En el aire frío
alguien estaba sollozando.

Ella me trajo hacia sí. Nos besamos otra vez, bocas abriéndose
lenguas empezando sus primeros descubrimientos
por donde va la sangre cálida, pulsando dentro de nuestra carne.

Pero el llanto se escuchó más fuerte. A través de mis orejas
reconocí las lágrimas de la mujer de la cual me separé
después de dos años. Y sin abrir mis ojos
la escuché unida a la agonía ronca y masculina
que debía ser del marido de la chica que yo abrazaba ahora
– brazos alrededor de la piel y tela de nuestros abrigos –
el marido que ella dejó hace seis meses.

Besos y besos. Pero la noche fría alrededor de nosotros
hizo crecer una avalancha de llanto: lágrimas de sus padres y los míos
por lo que hicimos y lo que haríamos. Lágrimas sumadas
por nuestros amigos que estaban amargos y solitarios esta tarde
y el llanto de otros que no conocíamos y estaban también solos.

Lágrimas de los matrimonios de la ciudad:
porque ninguno de ellos vivían un momento como éste,
lágrimas de aquellos desgastados en sus trabajos,
lágrimas de los lisiados, retrasados, lágrimas de los locos,
las extrañas, quebradas lágrimas de los hambrientos, los enfermos,
y las sin esfuerzo, sin esperanza, constantes lágrimas de los pobres.

Todo esto nos rodeó, cuando nos agarrábamos en la noche:
un aullido, un clamor llenaba la calle vacía
y el aire fresco. Y pude distinguir
el sonido de mi propio llanto: dolorosos e incontrolables jadeos
de mi pecho y aliento, espasmos motivados por alguna horrible pérdida
que todavía no había descubierto…

En el asiento delantero de mi auto, donde nos abrazábamos como adolescentes
manos recorriendo desesperadamente nuestros cuerpos, bajo nuestra pesada ropa de invierno
aunque los dos teníamos cerca de treinta años
me dirigí al ruido de tanta miseria:

Si mi dolor sumado al de ustedes, ayudara, dije
renunciaría a la alegría.
Juro que, si pudiera, iría ahora mismo a vivir a un mundo diferente:
algún planeta sin esta constante infelicidad.
Pero no creo que mi pena
ayudará a otro ser humano.

Y cuando dije esto, no hubo ni un sonido en el auto
o bajo los faroles, salvo su respiración y la mía.
Estaba muy tranquilo, muy seguro.
Creo que en ese instante otra persona nació.

Tom Wayman

VARIATION ON THE WORD LOVE

This is a word we use to plug
holes with. It’s the right size for those warm
blanks in speech, for those red heart-
shaped vacancies on the page that look nothing
like real hearts. Add lace
and you can sell
it. We insert it also in the one empty
space on the printed form
that comes with no instructions. There are whole
magazines with not much in them
but the word love, you can
rub it all over your body and you
can cook with it too. How do we know
it isn’t what goes on at the cool
debaucheries of slugs under damp
pieces of cardboard? As for the weed-
seedlings nosing their tough snouts up
among the lettuces, they shout it.
Love! Love! sing the soldiers, raising
their glittering knives in salute.

Then there’s the two
of us. This word
is far too short for us, it has only
four letters, too sparse
to fill those deep bare
vacuums between the stars
that press on us with their deafness.
It’s not love we don’t wish
to fall into, but that fear.
this word is not enough but it will
have to do. It’s a single
vowel in this metallic
silence, a mouth that says
O again and again in wonder
and pain, a breath, a finger
grip on a cliffside. You can
hold on or let go.

Margaret Atwood

AS IN THE BEGINNING

 A man has two hands and when one
 gets caught on the belt and his fingers
 are amputated and then patched
 he cannot work. His hands are insured
 however so he gets some money
 for the work his hands have done before.
 If he loses a finger he gets a flat sum
 of $250 for each digit &/or $100 for a joint
 missing for the rest of his stay on earth,
 like an empty stool at a beggar’s banquet.
 When the hands are my father’s hands
 it makes me cry although my pen must keep scratching
 its head across the page of another night.
 To you my father is a stranger
 and perhaps you think the insurance paid is enough.

 Give me my father’s hands when they are not broken
 and swollen,
 give me my father’s hands, young again,
 and holding the hands of my mother,
 give me my father’s hands still brown and uncallused,
 beautiful hands that broke bread for us at table,
 hands smooth as marble and naked as the morning,
 give me hands without a number tattooed at the wrist,
 without the copper sweat of clinging change,
 give my father’s hands as they were in the beginning,
 whole,
 open,
 warm
 and without fear.

Mary di Michele

THE BIRD

The bird you captured is dead.
I told you it would die
but you would not learn
from my telling. You wanted
to cage a bird in yours hands
and learn to fly.

Listen again.
You must not handle birds.
They cannot fly through your fingers.
You are not a nest
and a feather is
not made of blood and bone.

Only words
can fly for you like birds
on the wall of the sun.
A bird is a poem
that talks about the end of cages.

Patrick Lane

THE KISS AND THE CRY

When we first kissed, that November night
I heard the faint noise of crying
I drew away my lips. In the cold air someone was sobbing.

She pulled me back to her. We kissed again, mouths opening,
tongues beginning their first discoveries
of where the warm blood goes, pulsing, inside our flesh.

But the crying grew louder. Through my ears
I recognized the tears of the woman I had just broken up with
after two years. And without opening my eyes
I heard her joined by the hoarse masculine agony
that must be the husband of the woman I clung to now.

Kisses and kisses. But the cold night around us
grew an avalanche of crying: the tears of her parents, and mine
for what we had done and what we intended. Tears added on
by those friends of ours who were bitter and lonely this
evening, and the crying of others we didn’t know
who were likewise alone.

The marrieds crying,
because all their lives come up short unto this minutes,
those worn out today at their work
tears of the crippled, retarded, tears of the mad
the strange, broken tears of the hungry, the sick,
and the effortless, hopeless, continual tears of the poor.

All this surrounded us, where we clutched each other in the night:
a howl and clamor filling the empty street
and the chill air. And I could pick out
the sound of myself crying: painful, uncontrolled gasps
of my chest and breath, spasms driven by some hideous loss
I had not yet discovered…

In the front seat of my car, where we embraced like adolescents
hands moving desperately over each others bodies
under our heavy winter clothing
I addressed the sound of so much misery:

If my sorrow added to yours could help, I said
I would give up joy.
I swear that, if I could, I would go right now to live in a different world:
some planet without this constant unhappiness.
But I no longer believe my pain
will help another human being.

And when I said this, there was not a sound in the car
or under the street lights, except her breathing and mine.
I was calm, very certain.
I think at that moment another person was born.

Tom Wayman

 

 

Sobre el autor

Poetranseúnte

Editor y colaborador de El Pájaro Verde. Lector de trayecto, en cada libro vislumbra un tesoro, un tesoro que no sirve para comprar nada.