Mal de Diógenes

Jugamos a perdedor

Dos años cumple nuestro proyecto de El Jardín del Pulpo en la virtualidad, o sea en nuestra web y en las sociales redes. Podríamos dar cifras sobre las visitas, los Me gusta, etc. que ilustren el crecimiento que una empresa exigiría, pero esos números (con los que estamos más que felices) no representan el impacto en los cibernautas que llegan de una u otra manera a nuestro jardín, impacto que seguramente oscila entre la nada y el casi nada. Y es precisamente en ese intervalo poco medible donde depositamos nuestra esperanza, pues sólo basta que una persona se sobrecoja un segundo frente a un descubrimiento para que la existencia de esta bodega abierta de cachibaches tenga razón de ser.

En este mundo que aparentemente se puebla con más y más triunfadores, jugamos a perdedor sabiendo que ahí también radica el éxito, porque una sonrisa ante lo simple, dormir siesta y equivocarse de tecla es también un éxito cuando la hostilidad del día a día te quiere hacer creer que no hay tiempo para aquello. Libros, películas, canciones, dibujos, lugares, comidas han nacido del ocio. En el jardín del pulpo permitimos, alabamos y estimulamos ese futuro del ocio, confiando en los polvos de hornear y las miradas al mar durante el piquero lento del sol.

Nadie apura al pulpo en su recolección y ornamentación de un jardín que crece de manera sustentable y sobretodo feliz. Y algo feliz en estos días es un éxito, un cornete bien puesto en el hocico de un sistema que nos quita más de lo que nos da.

Felices porque existimos, somos perdedores a punta de carcajadas.

 

Sobre el autor

Hipoceronte

Uno de los creadores de El Jardín del Pulpo. Sujeto bruto y sensible. Le molesta la elitización del arte y la cultura. Melómano en construcción. Físico de la Tierra.