Mal de Diógenes

Mientras suena Blue Oyster Cult

Así de la nada y mientras me encuentro frente al computador y por azar de las listas de youtube, comienzo a escuchar algunas canciones de Blue Oyster Cult y la cabeza comienza a funcionar en maneras misteriosas. De rebote creo que si pescamos en serio el postulado de Platón de que nuestro mundo es solo una sombra de un mundo ideal más allá de nuestro alcance y comprensión, pues debemos estar de acuerdo que todo es una copia, una mezcla, un remix.

(Burnin for you)

Y lo mejor de todo eso es que no importa si estamos de acuerdo o no, la verdad es que si la historia no se repite, igual rima, los hijos se parecen a sus padres y las nietas a sus abuelas y de repente revisando los antiquísimos daguerrotipos del siglo pasado vas a encontrar a alguien lo suficientemente parecido a ti como para que sientas que ni siquiera tú mismo eres alguien especial. “Cuando todos sean súper, ya nadie lo será” dijo Síndrome en la subvalorada y contundente “Los Increíbles”. La primera película que vio mi segundo hijo en el cine, mi primer hijo tuvo su debut con “Buscando a Nemo” que también tiene una frase increíble: “Si no quieres que a tu hijo le pase nada, pues nada le pasará nunca”. La escucho y me siento agobiado por ser el responsable de la formación de, hasta ese entonces, dos pequeños hombrecitos.  Lo peor vendría después cuando me doy cuenta que también voy a ser el referente de una mujercita. El primer gran amor de una niña es su padre  dicen algunos y no puedo evitar pensar en las repercusiones incestuosas que esa frase carga.

(Godzilla)

Un día más tarde o quizás más temprano, mis hijos me regalan un llavero de Yoda y quiero volver a sentirme niño y no recordar cuanto odié a la versión digital y sin expresión en sus ojos de aquel vetusto muppet. ¡Cuanto te odié George Lucas! Pero no puedo odiar a alguien que me hizo tan minúsculamente feliz y a la vez tan inmensamente evadido. Mira que viajar 2 horas en una Centro-La Florida para luego meterse en la única función rotativa que estaba más o menos desocupada y que no tenía una fila de tres cuadras para ver “El Regreso del Jedi” es uno de los más lindos recuerdos de aquel 1984, junto con los batidos de frutilla del Max Beef, cuyo sabor, textura, dulzura y temperatura jamás he vuelto a encontrar en modo satisfactorio en algún otro batido y vaya que he probado varios.

(Astronomy)

Mi hijo llegó, ahora con 17 años, polola y voz de locutor FM (que yo no tengo, dicho sea de paso) haciéndome preguntas acerca de “1984” de George Orwell y me doy cuenta que nunca he leído el libro, solo vi la película con John Hurt, recientemente fallecido. Resulta que ahora es mi hijo que me presta su libro, que no sé como se ha comprado y prometo leerlo este fin de semana y cuando voy en la quinta página me doy cuenta que sí, lo había leído pero había preferido la película por sobre el libro (una herejía para los cánones culturales que nos han hecho creer como aceptables) y me pregunto si es tan relevante leerse el libro en vez de ver la película. Ojo que lo dice un cuasi-profesor de castellano que justo en ese preciso instante está elaborando una didáctica educativa para incentivar a los jóvenes a leer más.

Veo a mi hijo soltando “1984” y agarrando con ansias “Pedro Páramo” y siento que me he ganado un pedacito de cielo en el más allá de la literatura, sobre todo porque no tiene la prueba hasta dentro de un mes. Siento lo mismo cuando escucho a mi hija tarareando la música de Goran Bregovic para “Underground” de Kusturica o veo a mi hijo del medio tratando de tocar Slayer en el Guitar Hero.

Pero da lo mismo, al final no hay nada nuevo en este mundo. Es sólo un partido de ajedrez y nosotros somos sólo una de las miles de posibles jugadas. Recuerdo la cara que puso mi papá la primera vez que le gané un partido de ajedrez y veo que la historia no se repite pero rima y que todo es un remix y que yo tengo las espaldas anchas como Platón, pero nadie se fija en ello sino que me dicen “Tay más gordo” y la verdad es que llevo al menos 20 años marcando la misma cantidad de kilos en la pesa, pero eso a nadie le importa, solo quieren verte un poco más mal para no sentirse tan mal ellos. De todas formas, tanto probar batidos logró un efecto.

(Sole Survivor)

Ya he plantado un árbol, ya escribí un libro y tengo hijos. También he escrito un par de películas que han visto más de 1000 personas (cada una) y no voy a dejar tantas deudas cuando me muera (espero…) Este año no recibí devolución de impuestos, pero tengo vinos de mas de 15 lucas en mi casa y lo digo con un orgullo de mierda, así como cuando mi abuelo contaba muy ufano que en sus tiempos salía con una gitana que se sacaba los piojos con la mirada más románticamente posible. Mi abuelo milico, que fue aviador, cajero de banco, fan de Wagner, comunista y macabeo y que cuando murió todos sus hijos y nietos salieron como buitres a saquear su casa llevándose una cámara un adorno, los libros de Séneca, los discos de ópera, los lápices, hasta las puertas. Menos mi papá que estaba preocupado del funeral.

Y entonces me doy cuenta que algún día tendré que preocuparme del funeral de mi papá.

(Don´t fear the reaper)

Y el de mi mamá.

Y mis hijos me enterrarán.

Y alguien leerá este escrito perdido en alguna memoria caché de un servidor olvidado y dirá:

“Si, la historia no se repite, pero rima”.

Y todo esto mientras suenan algunas canciones de Blue Oyster Cult

 

Sobre el autor

Rodrigo Muñoz Cazaux

Guionista y productor en rehabilitación
Probable profesor, posible procastinador, prematuramente perpetuador de pautas principalmente parasitarias
Escribe, habla y baila un poco