Gula

Lecciones de alcachofa

Si hay una señal que marca la llegada de la primavera es la presencia de la alcachofa en mi mesa. Siempre fue así, cuando era niña y acompañaba a mi papá a la feria la aparición de las primeras alcachofas me hacían brillar los ojos. “Todavía están muy verdes”, “Todavía están muy caras” eras los comentarios en los últimos días de invierno, pero siempre, ya en primavera venía la declaración “estas si que están tiernas”, y entonces ya no parábamos de comer cada semana hasta casi la llegada del verano.

Es una presencia tan obvia en mi vida primaveral que siempre pensé que sería así para todos, hasta que un día una amiga extranjera mira mi plato extrañada y me pregunta por qué me comía la alcachofa así.

Así

Así, con tanta parsimonia, mordisqueando hoja por hoja después de untarla en el jugo de limón, sacando hasta el último milímetro, para llegar al centro, corazón o poto, según como prefiera llamar la. Se come así con las manos, y así con tiempo para disfrutarla.

Los tiempos cambian y para muchos hay menos posibilidades de sentarse a la mesa con calma, pero la alcachofa es sagrada, nos seguimos dando el tiempo de comerla de la única forma que sabemos hacerlo, para aquellos que no pertenecen a esta zona, les dejo las instrucciones.

1: Prepare el aliño, a mi me gusta un limón entero, un buen chorro de aceite de maravilla y un par de pizcas de sal (en esas unidades de medida que no existe, pero todos entendemos). A algunos les gusta con aceite de oliva, o con vinagre, y a otros salvajes con mayonesa.

2: Vaya desnudando de a poco a la alcachofa, sacando una hoja, untándola en el aliño y raspando con los dientes la parte blanca, la parte rica. Deje lo que queda de la hoja a un lado y repita tantas veces como hojas tiene su alcachofa.

3- Cuando esté llegando a las últimas hojas, las más tiernas, puede agarrar varias juntas, porque son más blanditas. Incluso en la última corrida puede sacar la corona entera de hojas. Si tiene la suerte de tener una alcachofa en su mejor punto de madurez, en este punto casi no dejará restos de hoja.

4- La parte latera, pero créame que vale la pena, es sacar los pelitos del centro. Con los dedos, con una cuchara o un cuchillo, asegúrese de sacar todos los pelos, para que cuando llegue al centro no le vayan a molestar.

5- Y entonces llegamos al tesoro mayor, el corazón o poto de la alcachofa, cada quien lo llama acorde a su nivel de romanticismo y apreciación de la ricura que tenemos en nuestra mano. Y lo untamos generosamente en todo el aliño que nos va quedando, y vamos pegando mascaditas pequeñas para hacerlo durar.

6- Fin. Y como todo fin, tiene gusto a poco. Habrá que esperar a la repetición a la semana siguiente en que nos volvemos a tentar en la compra semanal con esta delicia. Y si ya llega el verano, habrá que esperar a la siguiente primavera.

Esto no se trata solo de lecciones de cómo comer alcachofa, sino las lecciones que nuestra forma de comer la alcachofa nos deja en la vida, la lección de sentarnos, darnos el tiempo de disfrutar a pequeños bocados lo que nos gusta.

 

 

Sobre el autor

Pachi Araya

Caótica, melómana, cinéfila, glazómana, energética, esdrújula simpática.